El sacerdocio es una llamada de Cristo a vivir una relación con
Él sirviendo a su pueblo. No contento con dejar a su pueblo con
la simple memoria de su amor redentor, Cristo elige a algunos de
sus seguidores (los apóstoles) para continuar su trabajo en la
Tierra hasta el final de los tiempos. El sacerdocio es una
extensión de esto y por tanto la continuación de la labor de
Cristo en el mundo de hoy.
Aunque toda la Iglesia es un pueblo sacerdotal, compartiendo el
sacerdocio de Cristo por medio de sus sacrificios diarios,
oraciones y divulgación del Evangelio, Dios llama a personas
específicas para que sirvan en su nombre en medio de la
comunidad. Estas personas son los sacerdotes.
El sacerdocio es una llamada. Cristo pide a algunos hombres
el sacrificio de sus vidas para que le sigan como sus más
íntimos compañeros.
Desde toda la eternidad, algunos hombres han sido llamados
al sacerdocio. Es una llamada inscrita en su naturaleza y,
por eso mismo, es una llamada que llenará sus vidas por
completo.
Así pues, el sacerdocio no es simplemente una ocupación
entre otras muchas. Es una forma de vida a través de la cual
Dios invita a un hombre a entrar en una relación más
profunda con Él.
Foto cortesía de Chris Sheridan
[El sacerdote] ofrece su humanidad a Cristo, para que Cristo pueda utilizarle
como instrumento de salvación, haciéndole como si fuera otro Cristo.
Papa Juan Pablo II
El sacerdocio es un sacramento. Los sacramentos son signos
visibles a través de los cuales la gracia de Dios se
experimenta en el mundo. El Sacramento del Sacerdocio (conocido
como Sacramento del Orden) es la manera visible a través de
la cual Cristo continúa su misión en el mundo de hoy.
Vivimos un momento histórico de gran búsqueda de respuestas
¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿Dónde voy a encontrar la
felicidad que deseo? Todo nuestro ser grita y ansía
respuestas, un propósito y, si somos honestos con nosotros
mismos, amor.
Dios no nos ha dejado solos. Ha escuchado nuestros gritos
pidiendo amor, misericordia, justicia, belleza, bondad y
verdad. Y Él nos ha amado tanto que se ha hecho hombre y
habita entre nosotros. Ha enviado a su Hijo, Jesucristo,
como respuesta a las ansias de la humanidad.
Cristo instituyó el sacerdocio para que no estuviéramos
solos. Es el sacerdote quien hace presente al mismo Cristo
en la Eucaristía a través de la ofrenda diaria de la Santa
Misa. Es el sacerdote quien acerca a los hombres y mujeres a
Dios.
El mundo necesita sacerdotes, porque, en definitiva,
el mundo necesita a Cristo.
El sacerdote, en tu parroquia, puede remontar su ordenación,
a través de los apóstoles, hasta Jesús. Desde los primeros
tiempos de la Iglesia, los apóstoles ordenaron sucesores. A
través de esa cadena de mandato no quebrada, viene el
sacerdocio.
El mismo Cristo eligió a los apóstoles y les hizo partícipes en su misión y en su autoridad
“Como el Padre me ha enviado, así os envío yo” (Jn 20,21 RSV)
“El que os escucha, a mí me escuha…” (Lc 10,16 RSV)
Lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo, y lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo” (Mt 18,18 RSV)
“A quien le perdonéis los pecados, les quedan perdonados, a quienes se los retengáis, les serán retenidos” (Jn 20,23 RSV)
“[Bautizándolos] en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19)
Hoy, Él no ha olvidado su rebaño, sino que lo guarda bajo su constante protección, a través de sus sacerdotes.