PREGUNTAS FRECUENTES
Seminario y discernimiento
Vida personal de los sacerdotes
Sexualidad y celibato
Padres (familias)
Seminario y discernimiento
¿Cómo sé realmente que Dios me está llamando? Desde luego no me ha enviado un e-mail o me ha llamado por teléfono.
Habitualmente, Dios llama de manera más normal y sutil, como, por ejemplo, acercando el corazón de la persona al amor por Dios y por la Iglesia. Aunque algunos pueden experimentar signos extraordinarios de vocación, no es lo normal. Y no debe ser deseado por nosotros, ni obligar a Dios a actuar de tal manera.
No soy perfecto. No soy tan santo y no me lo merezco. ¿Cómo podría yo llegar a ser sacerdote?
Es cierto, nadie es merecedor, ni lo será jamás. Pero Dios en su bondad y amor, como signo de su divina elección, llama a algunos a entregar sus vidas para que otros puedan vivir. Podríamos decir como San Pedro: “Apártate de mí, Señor, porque soy un hombre pecador” (Lc 5,8); pero Jesús no nos abandonará. Hemos de confiar en su misericordia y esforzarnos por vivir la santidad del sacerdocio.
Permitimos que la imagen de Jesucristo crucificado sea construida en nosotros más y más cada día, a través de la oración y del sacrificio.
Si me atrae el sacerdocio ¿quiere esto decir que debo ser sacerdote?
Tienes la responsabilidad de discernir el proceso completo. Finalmente, es una decisión libre. Dios no te va a forzar, ni te va a condenar; pero te ofrece la vida sacerdotal como ofreció la consagración completa al joven rico, que tuvo la libertad de abandonar… pero triste. Considera esto: las experiencias de Santa Teresa de Lisieux nos dicen que podemos responder al Señor con diferentes niveles de generosidad.
¿Qué pasa si tengo una deuda?
Estudiaremos caso por caso, ya que muchas personas tienen préstamos de su etapa en la universidad.
¿Los sacerdotes reciben un salario?
Las recompensas no son de este mundo. Los fieles mantienen económicamente a los sacerdotes y proveen lo necesario para nuestras necesidades materiales, como un lugar para vivir, comida, etc. No llegarás a ser millonario siendo sacerdote, pero no hay ninguna razón por la que un sacerdote no deba tener un salario suficiente para vivir.
¿Tengo que estar seguro al 100% antes de entrar en el seminario?
No, para eso está el periodo de discernimiento. Sería semejante a tener una cita y esperar a que llegue el día.
Vida personal de los sacerdotes
¿Son felices los sacerdotes?
Tienen todas las razones del mundo para ser felices y llevar a otros a la felicidad, como discípulos del Señor. Poseemos verdadera felicidad viviendo nuestra vocación con fidelidad. Y podemos ser felices incluso en situaciones difíciles.
¿Los sacerdotes tienen amigos?
¡Por supuesto, como cualquier persona! Muchas amistades se adquieren en el seminario y permanecen toda la vida. Algunos son sacerdotes que se conocen a lo largo de la vida y también religiosos con los que trabajamos en la misión de la Iglesia. Un buen número de sacerdotes conservan sus amistades de la infancia y de la escuela o la universidad. A lo largo de la vida sacerdotal se desarrollarán amistades con familias y miembros de la parroquia con los que entras en contacto para servir. Siempre eres un padre para ellos, pero eso no significa que no puedas ir a un partido de béisbol (“baseball”) con ellos y vitorear a tu equipo favorito.
¿Qué hacen los sacerdotes para divertirse?
Prácticamente cualquier cosa que sea divertida, emocionante, sana y que renueve cuerpo, mente y espíritu: jugar béisbol o bolos, asistir a partidos de béisbol, leer, subir a la montaña rusa, ir a la playa, correr, jugar al fútbol, practicar ciclismo o esquí, visitar museos, ir al cine, viajar a otros países, pasar tiempo con familias, salir a comer,… ¡lo que se te ocurra! Pero los sacerdotes deben saber que la recreación involucra también al alma, y por eso hacen un retiro cada año.
¿Los sacerdotes reciben un salario?
¡La recompensa no es de este mundo! Jesús llamó a los apóstoles a la pobreza y esta espiritualidad no puede nunca ser reducida a grupos particulares en la historia de la Iglesia. Todos los cristianos son llamados a vivir un espíritu de pobreza y a no estar indebidamente atados a las cosas de este mundo. Los sacerdotes, en particular, son llamados a vivir la pobreza espiritual y a ser ejemplo de ella en la Iglesia. Los fieles sostienen a los sacerdotes y provean sus necesidades materiales, como casa, comida, etc. No llegarás a ser millonario siendo sacerdote, pero no hay ninguna razón por la cual los sacerdotes no puedan recibir un salario suficiente para vivir.
¿Con qué frecuencia puedo visitar a mi familia, si soy sacerdote?
Dependiendo de la distancia a la que vivan, puedes ver a tu familia incluso cada semana. Los sacerdotes de una parroquia tienen un día libre a la semana y muchos usan este tiempo para visitar a su familia. Para otros sacerdotes, cuyos padres son ancianos o están enfermos, la vida parroquial se flexibiliza para que puedan cuidar de ellos.
¿Los sacerdotes tienen vacaciones?
En el Derecho Canónico, la ley oficial de la Iglesia Católica, se contempla que los sacerdotes diocesanos deben tener vacaciones. Toman sus vacaciones de maneras diversas: con la familia, con un grupo de sacerdotes, viajando a lo largo del país o visitando otros lugares del mundo.
Sexualidad y celibato
¿Por qué los sacerdotes no se pueden casar?
Por imitación a Jesucristo, que fue célibe por el Reino, los sacerdotes católico-romanos son escogidos de entre aquellos que se comprometen a una vida de casto celibato. Es un “signo de contradicción” en el mundo, recordando a la gente la vida eterna. Permite que, por adhesión a Jesucristo, el corazón no esté dividido.
Me gustan las chicas ¿No es esto incompatible con el sacerdocio?
Es bueno que te gusten las chicas. La cuestión es si Dios te está ofreciendo la gracia de renunciar a la intimidad propia entre marido y mujer, para llevar a cabo otro tipo de paternidad espiritual, que implica amar a las personas de toda una parroquia en sentido espiritual, no físico. Como padre espiritual tú haces crecer un innumerable número de hijos en la familia de Dios.
¿Es duro el celibato?
A aquellos a los que Dios está llamando al sacerdocio, les da la gracia del celibato. Como cualquier don, no se recibe pasivamente, sino que se acepta activamente. La virtud de la castidad en el celibato debe ir construyéndose. Esto requiere esfuerzo y vigilancia; pero no se hace solo, se hace con la ayuda de Dios.
Jesús respondió: “No todos pueden aceptar esta palabra, sino sólo aquellos a quienes ha sido otorgada. Algunos están incapacitados para el matrimonio porque nacieron así, otros porque fueron incapacitados por otros y algunos porque han renunciado al matrimonio por el reino de los cielos. Quienquiera que pueda aceptar esto que lo haga”. (Mt 19,11-12)
¿Me sentiré solo siendo sacerdote?
La soledad puede sentirla cualquiera. Siempre existe en el corazón de toda persona un espacio que no puede ser llenado por otra cosa o persona, ni siquiera por una esposa. Para prevenir la soledad ese espacio debe llenarse con la búsqueda del Señor y de su rostro. Esto permite que el corazón sea purificado para el servicio del pueblo de Dios.
Padres
Mis padres y mi familia no me llevan a la Iglesia; pero yo quiero ir ¿Qué debo hacer?
¡Esa es una posición difícil! Cualesquiera que sean las razones por las que tu familia no va a la Iglesia, ¡santifica el domingo! Tal vez un amigo puede llevarte, o un compañero o un vecino que sea de tu confianza y de la de tu familia. Esta puede ser una solución. Quizá puedes ir a pie porque la distancia a la Iglesia lo permite o te llegará la edad en que puedas tener tu licencia de conducir (manejar) y pedir prestado el coche (carro) familiar. Alrededor del tiempo de Navidad los niños encuentran mil maneras de “acosar” a sus padres para conseguir todo tipo de regalos. ¿Has pensado alguna vez pedir insistentemente, no de forma gruñona, ir a Misa?
¿Qué pasa si mis padres no están de acuerdo con que yo sea sacerdote?
Debes ser siempre respetuoso con tus padres y siempre debes ser fiel al Señor. Muestra a tus padres el amor de Dios. Permanece cerca de Jesús y mantén la fe y la vocación vivas en tu corazón y en tu mente.
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